CLASE Nº 8 La presente clase ha sido elaborada por Wim Dierckxsens exclusivamente para ser adjuntada en el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en CienciasSociales (PLED), en la Segunda Parte: ‘’los experimentos neoliberales: exámenes de algunos casos’’ Clase 8: “Centroamérica: emigración, remesas, maquilas” en el curso ‘Coyuntura política y luchas emancipatorias’’, Junio de 2008. Av. Corrientes 1543 (C1042AAB), Ciudad de Buenos Aires, Argentina Informes: (54-11) 5077-8024 academica-pled@cculturalcoop.org.
Como citar: Profesor Wim Dierckxsen* ‘’La lucha contra el capitalismo y las luchas sociales’’ [CLASE]. En: Curso virtual “Coyuntura política y luchas emancipatorias” (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia, Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires, Junio de 2008). La lucha contra el capitalismo y las luchas sociales.* Investigador del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) en San José de Costa Rica y miembro del Foro Mundial de Alternativas (FMA).
CLASE: Hola. Les propongo pasar revista a algunas tendencias generales de la lucha contra el capitalismo, a escala global, y luego pasar revista a algunas experiencias concretas sobre América Latina. En un anexo les haré llegar una apreciación sobre el reciente referéndum sobre el TLC que tuvo lugar en Costa Rica y las perspectivas que se abren luego de su fraudulento resultado.
En la actual coyuntura queda cada vez más claro para las organizaciones sociales que el capitalismo constituye un “horizonte superable” y no insuperable como se vislumbraba en los años noventa a partir del derrumbe del Muro de Berlín. En medio de la progresiva crisis neoliberal y en un entorno de amenaza de guerra global, la izquierda se tornará internacionalmente anti-neoliberal, anti-hegemónica y anti-imperialista y a la vez buscando un proyecto democrático de avanzada para lograr instaurar el socialismo en el siglo XXI.
En la actualidad y en lo inmediato, sin embargo, las luchas no pueden ser dirigidas más que contra el neoliberalismo y la arrogancia de la hegemonía norteamericana en cada una de las naciones, como se está dando en este momento en América Latina. La gran tarea es facilitar la construcción de una alternativa de izquierda con estrategias y tácticas que cohesionen las diferentes corrientes ideológicas y los movimientos comprometidos en la lucha contra el neoliberalismo y la hegemonía norteamericana. La construcción de la convergencia debe ser formulada en términos políticos de manera complementaria: Un frente unido a favor de la justicia social e internacional acompañado de una conciencia anti-imperialista.
La izquierda tiene hoy el reto de ir más allá de la crítica y autocrítica de la historia del comunismo en el siglo XX para iniciar de manera abierta e intensiva el debate sobre las estrategias alternativas
constructivas para el Siglo XXI. El debate sobre la construcción del socialismo en el Siglo XXI está en plena marcha en América Latina. Politizar el debate constituye la condición de la convergencia en medio de la diversidad de las fuerzas progresistas. Reconstruir la unidad implica la organización de amplias mayorías capaces de exigir el derecho a la inclusión. La estrategia ofensiva necesaria de reconstitución del frente popular del Sur requiere de la radicalización de las resistencias sociales frente a la ofensiva del capitalismo imperial. Exige su politización, es decir su capacidad de hacer converger las luchas campesinas, las de las mujeres, de los obreros, de los desempleados, los informales y de los intelectuales y asignar al movimiento popular en su conjunto objetivos de democratización y de progreso social posibles en el corto y mediano plazo.
La mundialización neoliberal constituye un desafío para los trabajadores y ciudadanos del mundo entero. De ahí se deriva que el capitalismo mundializado no puede ser confrontado únicamente desde la lucha a nivel nacional. Para politizar al movimiento social, la tarea es doble: por un lado, reforzar el nivel nacional y, por el otro, simultáneamente mundializarla, organizar el movimiento social a nivel mundial. Solo un movimiento global mundial donde actúen conjuntamente los movimientos sociales podrá transformar el mundo actual y crear un orden mundial fundado en la solidaridad antes que en la competencia. Por el momento, el debate sobre la construcción del socialismo del siglo XXI en América latina no sobrepasa los límites del continente. Ante una eventual gran crisis mundial, existen perspectivas de ampliar la construcción conjunta de lazos entre los movimientos sociales, con base en vínculos horizontales y de respeto mutuo a escala intercontinental.
La mundialización de la izquierda exige que los valores que dan legitimidad al movimiento sean de alcance universal y que hagan posible superar los obstáculos que oponen los pueblos del Sur entre sí. Lo anterior implica la necesidad de formular estrategias con una perspectiva de larga duración de la transición del capitalismo mundial al socialismo mundial. Una estrategia eficaz de acción debe ser capaz de avanzar en tres direcciones simultáneamente: el progreso social, la democratización radical y la construcción de un sistema mundial pluricéntrico. Es necesario y posible un progreso en esa dirección en todas las regiones del sistema capitalista mundial, tanto en los centros imperiales como en las periferias. Las políticas necesariamente implican tomar medidas muy concretas sobre todo en materia de relaciones centro periferia. Como lo recuerda Samir Amin, sin proyecto de cambio en las relaciones centro periferia no hay posibilidad de cambio real.
Lo anterior implica que el proceso de cambio latinoamericano por si solo difícilmente conducirá al socialismo del siglo XXI. Un proceso mundializado sin duda se verá empujado por una gran recesión mundial que se vislumbra a partir de la crisis del dólar y por una guerra con implicaciones globales que peligra a partir de la amenaza concreta de un ataque nuclear contra Irán. Tanto una eventual guerra global como una recesión a escala mundial implicarán una fuerte desregulación del comercio internacional lo que provocaría una crisis profunda para las empresas transnacionales que dependen en alto grado de dicho comercio exterior. La desconexión a escala mundial sería la consecuencia lógica, pues tal entorno obligaría a una masiva y generalizada sustitución de las importaciones en el mundo entero y especialmente en los países periféricos. Ambos hechos juntos estimularían la desconexión generalizada de los centros del capitalismo metropolitano. Semejante crisis implicaría un golpe económico difícil de superar de las transnacionales y hundiría al capital financiero asociado.
Con ello estaríamos ante una crisis del sistema capitalista como tal que permitiría plantear la posibilidad de la transición al socialismo del siglo XXI.
Ahora bien, la lucha social por una alternativa supone la desconexión del proceso de globalización. La desconexión del proceso de globalización es una condición necesaria para recuperar la soberanía en todos los sentidos: lo económico, político, social, cultural, etc. El proceso de globalización niega dicha soberanía y promueve más bien la progresiva anexión de los países periféricos en general y de América Latina en particular en beneficio cada vez más exclusivo de unas cuantas empresas transnacionales ligadas al capital financiero internacional. Este proceso de desconexión significa un fraccionamiento del mercado transnacional. De ahí también la fuerte oposición de las principales potencias ante este proceso de desconexión. Esta desconexión, planteada, por ejemplo, en la Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA), tiene mejores perspectivas conforme se acentúa la crisis del neoliberalismo en general y con una crisis cada vez más profunda de la hegemonía norteamericana en particular, condiciones que se cumplan hoy en día de manera cada vez más clara.
La crisis del proceso de globalización se evidencia a partir del fracaso de los acuerdos multilaterales en la Organización Mundial de Comercio desde 1999. Estos acuerdos multilaterales servían para fomentar el reparto del mercado mundial entre un número cada vez menor de trasnacionales. Ese proceso se concretaba mediante adquisiciones, fusiones, privatizaciones y la sustitución de empresas privadas nacionales por transnacionales. El reparto del mercado mundial ha alcanzado su época gloriosa en los años ochenta y la primera mitad de los noventas. A mediados de los años noventa más del 50% del Producto Mundial Bruto ya era producto transnacional frente a 25% veinte años antes y más del 80% del producto industrial era transnacional a esas fechas. Las ganancias obtenidas en ese reparto eran enormes. La bolsa de valores se disparó como consecuencia. Todo el mundo apostaba a esos ganadores que parecían barrer con todo en el reparto del mundo. Hacia fines del siglo, estas ganancias han llegado a su tope histórico. El mercado mundial ya se encontraba repartido. Las inversiones que apuntan al crecimiento económico del mercado como un todo habían disminuido. Los beneficios derivados de inversiones hechas en el reparto del mercado mundial se estancaron a partir de entonces. Las ganancias transnacionales cayeron como consecuencia. El resultado fue la crisis bursátil del año 2000 y 2001.
Llegando al nuevo milenio, era cuestión que las grandes potencias abriesen sus propios mercados entre sí para lograr otro avance en el reparto del mercado mundial Estas negociaciones se dieron en la OMC en 1999. El fracaso de estas negociaciones era de esperar. Las grandes potencias no abrirán sus fronteras para sus contrincantes. Desde entonces, la bandera proteccionista gana terreno a costa del proceso de globalización. La respuesta es la política de consolidar bloques económicos para salvar las transnacionales de un continente frente al otro. Al interior de un bloque rige la ley del más fuerte y hacia fuera se vislumbra un creciente proteccionismo entre estos bloques de poder. El ALCA proyectó anexar América Latina esencialmente en beneficio de las transnacionales estadounidenses.
La Unión Europea inicia en el nuevo milenio una marcha de anexión hacia Europa del Este. A partir de estas fórmulas proteccionistas, sin embargo, se abre una coyuntura a favor de la creación de bloques no solo en beneficio único de las naciones hegemónicas. Estos bloques puedan darse también en la periferia, como reivindica Brasil con Lula. Con ello se vislumbra la posibilidad de la desconexión.
Los países centrales defienden a ultranza los subsidios agrícolas para mantener su soberanía
alimentaria. Es una cuestión geopolítica. Por otro lado, no quieren disminuir ni disciplinar las ayudas por temor a la pérdida de sus mercados en el mundo. Ahora bien, no se puede pedir en nombre del libre juego de mercado, que ofrece América Latina mayor acceso a sus mercados, si los países centrales no quieren negociar la apertura agrícola. Para ser equitativos resultaba lógico negociar el acceso a los mercados para los productos agrícolas en los foros multilaterales. Solo al percibir los verdaderos alcances de lo que las potencias agrícolas del orbe habían acordado en materia de eliminación de subsidios y las medidas de efecto equivalente, se podía con responsabilidad determinar los límites de acceso a nuestros mercados. No hubo concesiones de parte de los países centrales en la OMC ni en el ALCA. Es en esta coyuntura que surgió el espacio político para la generación de bloques alternativos como el MERCOSUR y el ALBA.
El ALBA es una respuesta al ALCA que va más allá del proyecto de MERCOSUR. El MERCOSUR se opone al ALCA, aunque se inscribe básicamente en el principio de la competitividad. No es un proyecto de izquierda. La diferencia con el ALCA es que promueve la política de anexión dentro del mercado regional. Suscribe, en otras palabras, la ley de la competencia, aunque lo hace en un entorno de menos desigualdad entre los países que participen. El ALBA en cambio apunta a relaciones internacionales fomentando principios de solidaridad, reciprocidad, complementariedad cooperación y sustentabilidad, es decir hacia un mayor equilibrio internacional. Desconexión no significa entonces optar por la autarquía económica sino apunta a un proceso de recuperación de la soberanía nacional en todos los ámbitos. Ambos proyectos tienen en común que fomenten la desconexión del proceso de globalización en América Latina y ambos apuntan al desarrollo de un proyecto político, social y económico endógeno. El horizonte del ALBA es una América Latina para los latinoamericanos. El MERCOSUR busca un mercado mayor para las grandes empresas brasileñas. Es un proyecto de desconexión del proceso de anexión económica a EEUU, anexando mercados regionales.
El ALCA fracasa por la misma rigidez de EEUU de ofrecer concesiones en materia agrícola. Conforme fracasaba el proceso del ALCA aumentaban las posibilidades del ALBA. Las negociaciones en México sobre el ALCA en 2005, degradaron el proyecto a un “ALCA-light”. Es decir llegaron a acuerdos mínimos. En el año 2006 en Argentina se enterró el ALCA en el Mar de Plata de una vez para siempre. Conforme el ALCA se hundía, EEUU buscaba un proceso de anexión alterno mediante políticas de anexión nacional. Es la política de los Tratados de Libre Comercio (TLC). Ya que no se podía anexarlos todos a la vez, la idea era anexar un país tras otro. Avances en este sentido se lograron en Chile y América Central.
Hacia fines de 2005, sin embargo, Bolivia reivindica con la elección de Evo Morales su soberanía nacional y ahonda así el proceso de desconexión. La experiencia boliviana encabezada por el MASIPSP se rige por una democracia parlamentaria pero posee un componente (a veces agregado, en otras diferenciado hasta la hostilidad) social, ideológico y político popular no parlamentaria que radicaliza la soberanía hacia una soberanía popular. Los pueblos originarios reivindican su derecho a la territorialidad y a un gobierno propio en el marco de una articulación nacional y multicultural. Lo que denuncia el Movimiento Al Socialismo (MAS) es la cultura occidental que imagina que el crecimiento y la Naturaleza son infinitos y dibuja un camino civilizatorio que supera la modernidad que busca un equilibrio con la Naturaleza a partir de relaciones sociales solidarias, de reciprocidad y de subordinación de lo individual a lo comunitario. La lucha social por la recuperación de los recursos nacionales va mano en mano con la recuperación de la soberanía nacional. Es un verdadero paso al socialismo del Siglo XXI.
El proceso de anexión de América Latina a partir de los Tratados de Libre Comercio encontró otro tropiezo en Ecuador en el año 2006. Bastaba la estatización de una empresa transnacional estadounidense para que ese país parara el proceso. El triunfo de Correa fines de 2006 contra el multimillonario Noboa en las elecciones presidenciales en Ecuador fue seguida por otra paliza electoral en torno a la constituyente infligida el día 15 de abril de 2007. El proceso en Ecuador tiene una orientación radical, favorable a un reparto de ingresos a favor de los más explotados, de los más oprimidos. Siguiendo el ejemplo de Argentina y Venezuela, el país dio por terminada la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), denunció al Banco Mundial y se vinculó con la iniciativa constitutiva del Banco del Sur. Rafael Correa no renovará el acuerdo para ceder la base militar de manta a EEUU a partir de 2009. Venezuela desde 1999, Bolivia desde 2006 y actualmente en Ecuador, han emprendido una modificación de sus constituciones en un sentido más democrático. El objetivo de la reforma constitucional es reconstruir al Estado, crear dispositivos que garanticen la redistribución de la riqueza, la justicia social, la defensa de la soberanía nacional y la nacionalización de los recursos naturales.
La lucha por el cambio prosigue con el regreso reciente del Sandinismo en Nicaragua. Se vislumbra pronto otro triunfo electoral en Paraguay. Ya con varios países en vías de desconexión, comienza a tener cada vez más factibilidad la idea del ALBA y se ve un futuro cada vez menos favorable para los TLC´s. Varios países se han resistido donde se destacan los casos de Costa Rica y Colombia en donde el movimiento popular ha librado una enconada lucha contra los tratados.
Desde 2006 América Latina está situada nuevamente en un lugar amenazante en la estrategia global de la Unión Europea. La UE tiene como objetivo asegurar el acceso de sus economías a los mercados latinoamericanos y caribeños de manera irrestricta. La Comisión Europea está presionando para que esos acuerdos comerciales entrañen la liberalización general y profunda de las inversiones, el comercio de servicios y la contratación pública, al igual que compromisos claros con respecto a la política de competencia y los derechos de propiedad intelectual. La fecha tope para concluir esos acuerdos es el 31 de diciembre de 2007. Ante esta amenaza, la Alianza Social Continental logró realizar avances significativos en la creación de campañas birregionales. Por ejemplo contra la privatización del agua, con la campaña ‘Por un modelo público de agua’ (con los casos de Unión Fenosa, Suez y Repsol YPF).
En el Capítulo Colombia del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) se trabajó sobre los
hidrocarburos. La propuesta de realizar un Tribunal en el CONOSUR gira en torno a la temática de los monocultivos. El Grupo de Trabajo centroamericano gira en torno al eje de los servicios públicos (energía), el sector agro-alimentario y las maquilas. La acción continental girará en torno al rechazo a la adopción de objetivos obligatorios de agrocombustibles y a paralizar cualquier incentivo a su producción susceptible de fomentar el saqueo de materia prima de América Latina ya que resulta ser un desastre para las selvas tropicales, para el clima mundial, para la biodiversidad, para la seguridad alimentaria, para los Derechos Humanos y para las comunidades locales.
Veamos ahora algunos antecedentes sobre las luchas sociales concretas que se agitan en la
región latinoamericana.
La lucha de los movimientos sociales, campesinos e indígenas contra los TLC´s intensifica la lucha ya existente en cada país contra las políticas de Ajuste Estructural. La política neoliberal en general y los TLC´s en particular se caracterizan por una verdadera contrarreforma agraria y por una nueva concentración de la tierra y acaparamiento de los recursos naturales. La concentración de la tierra se expresa a través del ascenso del agro- negocio. En.todos los países se están impulsando políticas, planes y programas para que los campesinos produzcan materia prima para la bionergia-Etanol (soya, maíz, palma africana y caña de azúcar); es así que los gobiernos están utilizando estrategias como la de entregar fertilizantes y maíz, como una política de Estado que pretende envolver a los campesinos en la siembra masiva de maíz. Como parte del Plan Puebla Panamá se están impulsando megaproyectos en ecoregiones, como el corredor biológico mesoamericano y el bioceanico.
En mucho países en donde los campesinos habían logrado instituir grandes cooperativas, la mayoría de estas fueron obligadas a embargar a los bancos sus tierras de tal suerte que muchos se convirtieron en deudores ante el Estado y ante la banca privada, lo que originó la perdida de las tierras que habían obtenido con mucho sacrificio. Con la acumulación de las tierras en manos de los terratenientes, se da una masiva migración del campo hacia las ciudades. En algunos países como el Paraguay, el 95% de la soya que se produce es transgénica, lo que significa que ya no tenemos control de cuanto de lo que comemos es o no transgénico. Las grandes organizaciones ambientalistas conservacionistas, como la WWF, TNC u otras, están comprando grandes extensiones de nuestros territorios y así mismo otras agencias como la cooperación europea, USAID, UNESCO, UNICEF, están apoyando o creando áreas protegidas. En ambos casos el propósito es apoderarse de los recursos naturales de nuestros territorios, tales como el petróleo, gases, uranio, etc. Hoy día el imperio ya ha distribuido lo que vamos a producir en nuestros territorios. En Paraguay, Argentina y en Brasil el área cultivada de soja transgénica (que exige el uso de herbicidas de alto impacto ecológico) creció a ritmos acelerados en los últimos años y profundizó los procesos de concentración de la tierra y ocasionando daños irreversibles en los suelos. Esta política se verá agudizado por la campaña por producir etanol como combustible alternativo y trae consigo un creciente costo de la alimentación popular y conlleva a la eliminación, a menudo brutal, de los pequeños campesinos y de las comunidades indígenas. Ante la exclusión masiva de los campesinos e indígenas no existen alternativas de inclusión dentro del marco neoliberal. Ante toda esta ofensiva nuestros pueblos vienen resistiendo. En este contexto se desarrolla la guerra por la vida y la soberanía.
Existen redes como Vía Campesina que está impulsando procesos de lucha para la protección y recuperación de las semillas criollas. 3. En muchos de nuestros países las comunidades y pueblos, se están movilizando, creando redes de discusión y resistencia. En Brasil se han venido desarrollando muchas acciones; Acción directa con ocupaciones de las tierras o recuperación de las tierras que están en manos de los terratenientes; Campañas de sensibilización ; Ferias campesinas, para eliminar el intermediario; Redes de comercio justo En Venezuela hay programas tales como la Misión alimentación, Misión Zamora, Misión Bolivancara). Muchas comunidades están resistiendo y ocupando empresas mineras, de tal suerte que en algunos casos se ha detenido la explotación de las mismas.
En Paraguay hubo lucha con cortes de rutas y ocupaciones de tierra. La lucha no se limita a
Paraguay. De la llamada “Guerra de la soja” a principios de 2004 se pasó a la dinámica de de ocupación de tierras y exigencia de redistribución de la misma convocando un amplio arco de organizaciones sociales que dan vida al Frente Nacional de Lucha por la Soberanía y la Vida”(FNLSV) que promueven una programa de desarrollo anti-neoliberal. El Frente pone, con ocupaciones y movilizaciones, bajo mucha presión al gobierno. Este incumple luego los acuerdos acordados y se da una confrontación abierta. De ahí nace el paro cívico nacional con el cuál logran volver a presionar al gobierno. De esta forma el movimiento social transciende el ámbito reivindicativo y adquiere un carácter político alternativo.
Una amenaza real es el desarrollo del agro -negocio, otro igualmente letal es la plena apertura a los productos agrícolas de EEUU. La importación sin frenos de productos agropecuarios a través de los tratados de libre comercio acelera la ruina de la producción y los mercados nacionales y regionales de los pequeños y medianos agricultores. Los tratados significan el tiro de gracia para la economía agrícola campesina e indígena como ya lo reveló la experiencia mexicana. Los subsidios agropecuarios estadounidenses se concentran en productos como el maíz, el azúcar, el arroz y los productos lácteos; precisamente aquellos productos fundamentales para la alimentación y en los cuales los productores nacionales tienen cierta competitividad. EEUU ha sido enfático en manifestar su indisposición a negociar su política y, en particular, las subvenciones en el marco del CAFTA. El resultado será la destrucción del agro de la región, la desaparición de la soberanía y seguridad alimentaria y un mayor endeudamiento externo.
Ante la amenaza de su exclusión masiva sin posibilidad de reinserción, no se vislumbra ante los campesinos arruinados ni menos a las comunidades indígenas alternativa dentro de este sistema de mercado total. La lucha por la tierra y la soberanía agrícola aparecen como la lucha por la vida misma. Esta lucha adquiere dimensión especial, por su número y dimensión política, en Brasil al ser el movimiento campesino más importante de América Latina: el Movimiento de los Sin Tierra (MST).
El proyecto político que desarrolla sobrepasa la voluntad individual de obtener las tierras. Las actividades reivindicativas por la tierra del MST se inscriben en un proyecto más amplio de una sociedad con democracia radical basada en la solidaridad, la igualdad y conciencia ecológica. La organización interna del movimiento obedece a los principios de la democracia participativa, situándose de esta manera, al igual que el Zapatismo en México o el MAS en Bolivia, dentro del marco de una nueva orientación en reacción contra el centralismo y el vanguardismo.
En medio de un entorno neoliberal cada vez más agresivo, los derechos económicos y sociales de los campesinos sin tierra y más aún de las comunidades indígenas se reducen a cero. Las comunidades indígenas en particular peligran perder incluso el derecho a la vida. No son de ningún beneficio para el gran capital. Su exclusión definitiva y masiva resulta de la lógica del mercado total. Sin vínculo alguno con el mercado, ante los intereses de las transnacionales, las comunidades indígenas aún asentadas en sus tierras constituyen un obstáculo para tener un acceso libre dichas tierras y a los recursos naturales que albergan. En este contexto se enmarca la Guerra del Agua (1999-20019 centrado en Cochabamba en defensa y reconquista del agua, decisiva para la vida y apropiada por la empresa estadounidense Bechtel. La resistencia social y política estaba centrada en la “Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida” protagonizado por indígenas, juntas vecinales, cocaleros, campesinos, transportistas, etc. En 2003 estalla en Bolivia la Guerra del Gas, centrado en El Alto, bordeando lo insurreccional en recuperación de una de sus últimas riquezas: los hidrocarburos.
La respuesta de los movimientos sociales indígenas gira en torno a la defensa del territorio con sus fuentes naturales y su pueblo reivindica otra civilización que no se inscribe en los valores de la modernidad. Esta respuesta adquiere carácter continental en la III cumbre de Pueblos y Nacionalidades Indígenas en Iximche´ como revela la declaración final del 30 de marzo de 2007, al responsabilizar a los gobiernos por el permanente despojo de los territorios y la extinción de los pueblos indígenas del continente, a partir de prácticas impunes de genocidio de las transnacionales; al ratificar el derecho ancestral e histórico al territorio y a los bienes comunes de la Madre Naturaleza, y al reafirmar su carácter inalienable, imprescriptible, inembargable e irrenunciable; al consolidar los procesos impulsados para la construcción de los Estados plurinacionales y sociedades interculturales a través de las Asambleas Constituyentes con representación directa de los pueblos y nacionalidades indígenas; al avanzar en el ejercicio del derecho a la autonomía y libre determinación de los pueblos indígenas y; al reafirmar la decisión de defender la soberanía alimentaría y la lucha contra los transgénicos.
Otro componente ha sido la lucha de los sectores obreros y de diferentes organizaciones ciudadana.
En una economía de mercado, los derechos económicos y sociales se derivan del vínculo de un individuo con el mercado (de trabajo). Como obrero urbano uno es generalmente menos
reemplazable y tiene más estabilidad laboral que como trabajador rural. Un obrero calificado a su vez tiene más estabilidad laboral que uno no calificado. Su ingreso suele ser más estable y la probabilidad de estar asegurado aumenta. Los profesionales tienen, como regla general, mayores oportunidades de empleo y más estabilidad laboral gozando ingresos no solo más elevados sino también más estables que los obreros calificados. Los profesionales, al ser menos reemplazables y más costosos suelen gozar mayor protección social. Los hombres suelen tener no solo más oportunidades de trabajo que las mujeres, sino también oportunidades mejores de empleo. Los blancos se aventajan en este aspecto frente a las otras etnias y los trabajadores en los países centrales tienen mucho más oportunidades que sus iguales en la periferia.
Tener mayores oportunidades de trabajo significa ser menos reemplazable o desechable. Lo anterior implica tener más estabilidad laboral, es decir, mayor seguridad económica. Al ser menos reemplazable la mano de obra y al aumentar su costo, mejora la protección social. Los derechos económicos y sociales, en otras palabras, dependen de la posición de un individuo en el mercado laboral y de la propia evolución de ese mercado. Si amplían las oportunidades de trabajo en el mercado laboral, es decir, con una mayor inclusión, la capacidad de reemplazo de la mano de obra disminuye y la estabilidad laboral va en aumento. Con ello, los derechos económicos y sociales de los trabajadores se amplían. La situación anterior responde a la política keynesiana. Si el mercado laboral, en cambio, se contrae, como es el caso con la política neoliberal, hay más exclusión y pérdida de estabilidad laboral. En tal contexto los trabajadores, por más que luchen, son más reemplazables e incluso desechables y con ello se pierden derechos económicos y sociales.
Con las políticas neoliberales, las oportunidades de trabajo disminuyen ya que las inversiones se orientan hacia sectores improductivas (el reparto del mercado existente, la especulación, el ámbito (financiero). En vez de invertir en ramas productivas que ampliarían el mercado como un todo, las inversiones se orientan a la adquisición y privatización de empresas ya existentes. La masiva sustitución de productos locales o nacionales por transnacionales (al desmantelarse los aranceles) ha significado una gran pérdida de oportunidades de trabajo que no se compensan de ninguna forma por algunos nuevos empleos creados y muy mal pagados (como en la maquila). Las tendencias anteriores implican en general una reducción permanente en las oportunidades de trabajo. Las tasas de desempleo y desempleo equivalente (por subempleo) aumentan sin cesar. La emigración - mientras no haya una recesión mundial- constituye una verdadera válvula de escape a la falta masiva de oportunidades de trabajo. Al ser restringida y selectiva la inmigración, la misma no alcanza cubrir las oportunidades perdidas.
Con las políticas neoliberales en América Latina, la capacidad de reemplazo de la fuerza de trabajo aumenta, es decir, hay una creciente flexibilización en el mercado de trabajo y con ello tienden a deteriorarse los derechos económicos y sociales. Los evolución de los salarios tiende a quedar atrás de la inflación; la proporción de personas que ganan un ingreso cercano a la línea de pobreza aumenta; la jornada laboral tiende a alargarse; ante la caída de los ingresos hay más trabajo infantil y femenino muy mal pagados; la seguridad social tiende a deteriorarse; las oportunidades de formación tienden a empeorarse, etc. En otras palabras hay un retroceso general en los derechos económicos y sociales. Esta tendencia se observa en América Latina entera.
En esta coyuntura de retroceso permanente, el sindicalismo suele estar a la defensiva en torno a sus derechos particulares. Su lucha en el entorno neoliberal es una lucha para evitar una pérdida aún mayor de sus derechos económicos y sociales. El sindicalismo no aparece, en tal coyuntura, como la organización social más dinámica y más bien queda rezagado en la lucha social por una alternativa y casi exclusivamente muestra retrocesos. En medio de la amenaza de su exclusión masiva hasta la propia clase trabajadora no encuentra alternativa dentro de la actual estructura sindical. Es en este entorno que nace el movimiento de los excluidos, mejor conocido como el “movimiento de los piqueteros”. Aunque el movimiento es mejor conocido en Argentina y Uruguay, también está presente en otros países y tiene potencial en aquellos países donde la clase obrera urbana fue relativamente numerosa, pero se encuentra masivamente amenazada con la exclusión.
El movimiento de los excluidos o piqueteros, como lo bautizaron en Argentina y Uruguay, nace de la necesidad vital para la masa trabajadora (y no exclusivamente de los desocupados) de lucha contra la exclusión y el desempleo, reivindicando irónicamente el “derecho a ser explotado”. El movimiento piquetero ha logrado movilizar a cientos de miles de trabajadores amenazados por la cesantía masiva junto con los ya excluidos del sistema. El movimiento piquetero ha pasado de los cortes de ruta aislados a la huelga general y de ahí al plan de lucha nacional. Aunque muy a menudo cooptado por el sistema, el movimiento logró en su momento organizar a los desocupados a incorporar activamente a sectores obreros industriales en empresas autogestionadas, concibiendo economías alternativas y solidarias.
El traspaso de lucha de las organizaciones obreras desde las empresas hacia una lucha fuera de ellas y organizada a partir de la comunidad., tiene otras vertientes en América Latina, en la medida que la lucha sindical se agota como la forma más adecuada. Las luchas sociales contra la primera ola de privatización en la región, emprendida a principios de los años noventa, se caracterizaron por una resistencia liderada por los sindicatos. Los trabajadores eran los afectados directos ya que con cada adquisición o privatización a menudo pasaron a engrosar las filas de los desempleados. Luego de la primera ola de privatización, cuando ya hay experiencia acumulada de repetidas alzas de tarifas (de agua y electricidad sobre todo), acompañado a menudo con un peor servicio (cortes de agua y electricidad) o con la total discontinuidad de los servicios en zonas marginadas por falta de rendimiento económico, la ciudadanía entera resulta ser afectada en sus más elementales condiciones de vida y no solo la clase obrera. La lucha social transciende a partir de entonces los márgenes de la reivindicación sindical.
Con el transcurrir de los años, la lucha social contra la privatización pasa a la lucha por la
recuperación de los servicios desde la comunidad. Con ello la lucha pasa del circuito de la
valorización del capital al espacio de la reproducción y cuidado de la vida misma. Dentro de este espacio no hay cabida para una actitud protagonista de vanguardia obrera, adulta y varonil. Entre los actores se destaca la participación de la comunidad como comunidad con una fuerte presencia femenina y juvenil, campesina e indígena. Se levantan, en otras palabras, los eternamente excluidos por el sistema (indígenas, mujeres y jóvenes en primera línea) que dentro del mismo no hallan formas de reproducir su vida y, por tanto, buscan una alternativa. En este contexto de lucha incluyente caben todas las corrientes a favor de la reproducción de la vida y del cuidado del medio que nos rodea.
En el VI Encuentro Hemisférico sobre Medio Ambiente y Agua en mayo de 2007 (Vea, Alianza Social Continental, 14 de mayo de 2007), señala que las diversas formas de privatización han llevado al encarecimiento de los servicios y una gestión deficiente y corrupta en el continente. Gran parte de los territorios de pueblos indígenas y comunidades poseen recursos naturales y que estos al ser entregados en concesión afectan la vida de los pueblos y ponen en riesgo las fuentes de agua, producto de la actividad minera en las cabeceras de las cuencas. Los (TLCs) ponen en riesgo la naturaleza, los recursos naturales y el medio ambiente, la instalación de mega proyectos de explotación, la instalación de hidroeléctricas provocan el desplazamiento de la población, y ponen en riesgo los acuíferos como los ríos, lagos, lagunas y dos grandes acuíferos (Amazonas y Guaraní) están en peligro.
El movimiento social, con sus propias organizaciones en el continente, vienen luchando y poniendo en la agenda sobre los graves problemas ambientales y sociales, eso ha provocado la criminalización del movimiento social y la persecución y asesinato de muchos lideres y la militarización constante para proteger a las empresas multinacionales. Sin embargo la lucha de los pueblos ha generado propuestas para revertir situaciones difíciles como son el retiro de las empresas transnacionales de los servicios públicos así como generando consultas democráticas para constitucionalizar el agua como un derecho humano.
Fin de la clase.
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SALUDOS A TODOS NURIA.
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